Pymes, especie en extinción.

Diario El Mercurio, Dom. 17/08/2003
Sebastián Burr Cerda

Un estudio de la Cámara de Diputados presentado por A. Leal y A. Muñoz dice que en Chile "las empresas fiscales y privadas utilizan mecanismos abusivos para evadir las normas laborales. Todo esto mediante triangulación en la contratación de personas y externalización de servicios a honorarios. Lo que les ahorra cotizaciones AFP, Isapres, vacaciones, seguros de cesantía, indemnizaciones, etc., lo que hace impensable que en Chile podamos tener un ambiente (laboral) de países desarrollados..." Esas declaraciones evidencian algo que efectivamente ocurre en nuestro ámbito laboral y que empeora día tras día. Pero evidencian también un desconocimiento casi irresponsable de las causas del problema. Culpar al empresariado siempre reditúa políticamente y de paso permite eludir las propias responsabilidades. Toda vez que la Concertación ha impulsado tres reformas laborales, altamente onerosas, inflexibles y ajenas a la lógica de la globalización. Si a eso sumamos cinco años de recesión que la Concertación no ha sabido superar y el cierre del crédito bancario a las Pymes, el pronóstico es bastante oscuro. De hecho, la sola morosidad previsional asciende a 159 mil millones de pesos, repartida en 141 mil 998 deudores. Las condiciones de informalidad laboral en la empresa y administración pública son las peores de los últimos 50 años. Sin embargo, dichos dirigentes deben estudiar el problema objetivamente. Partiendo por considerar las encuestas Casen, U. de Chile y último Censo Nacional, que constatan que la cesantía no es del 8% sino del 12%, y que en los sectores juveniles supera el 28%. Nuestra empresa mediana y pequeña (productos no perecibles) "compite" con productos que masivamente importan las cadenas de supermercados, tiendas por departamento y comercio industrial desde China, y que ha llegado a tal extremo, que ya supera el 25% del consumo nacional. (Fuente: Com. Ext. Embajada de China). Nuestro intercambio comercial con ese país en 1996 representaba el 2.7%, hoy alcanza el 8.3%. Y si comparamos el primer semestre del 2002 y el del 2003, el incremento fue de un 36% adicional. Sin embargo, este intercambio es altamente desigual y desfavorable para el país, pues mientras Chile les vende "commodities" (cobre, celulosa y fruta) con un bajísimo componente de mano de obra, ellos nos exportan productos industriales de consumo masivo con un altísimo componente de mano de obra. De hecho, China, según la OECD, cada día accede a más y más licencias industriales de EE.UU. y europeas. Y mientras la inversión extranjera entre el 2001 y 2002 cayó un 77% en EE.UU., un 64% en Chile y un 34% en Europa, en China aumentó en un 20%. Y en captación ocupa el 1er. lugar del mundo y en exportaciones el 7º. Lo más increíble es que además protege su industria aplicando aranceles diferenciados. El comercio nacional mantiene ocupadas en exclusividad a cientos de empresas industriales asiáticas tercermundistas a costos que no superan, con flete y arancel incluido, el 20% del valor al que sería posible fabricar el mismo producto en Chile. Tanto así que innumerables ex industriales cerraron sus plantas y se transformaron en felices importadores. Pero pasa que si el comerciante local x no hubiese reaccionado a tiempo, lo hubiese hecho cualquiera de sus competidores. De manera que el empresariado no es el responsable directo sino la autoridad política. Pues tolera que ingresen al país productos que no cumplen ni con el 5% de la normativa laboral, que esos mismos congresistas - vía legislación laboral- imponen a los empresarios locales. ¿No será que el país enfrenta una nueva modalidad socialista, esto es suprimir "la clase" empresarial de pequeños y medianos empresarios? Porque ser ortodoxos extremos, en proteccionismo laboral y en libre mercado global con países como China, es sinónimo de contradicción más que de "crecimiento con equidad". Veamos, China no acata las normas de la OIT y que sí rigen nuestro régimen laboral. Esa sola exigencia agrega 30% de costos sobre cualquier producto o servicio bruto. El trabajador nacional trabaja ocho horas durante 5,3 días promedio y obtiene 24 días de vacaciones anuales. Los trabajadores chinos trabajan 11 a 12 horas diarias durante 6,7 días promedio semanal. En su mayoría sin contrato y casi sin derecho a descanso anual. Los chinos no sólo no tienen indemnización por años de servicio, sino que deben indemnizar al empresario con 15 días de su salario si abandonan su trabajo. El trabajador chileno, en cambio, puede llegar a recibir 12 salarios en indemnización (un año sabático) y en caso de ir a juicio y ganarlo percibe hasta 32 salarios (98% de fallos son a favor de los trabajadores). Si los empresarios locales apenas pueden pagar el salario del mes, ¿alguien puede imaginar que puedan cancelar 32 salarios y no sufrir una mortal descapitalización? Hoy las Pymes, están bajo un régimen laboral de inamovilidad disfrazada. Y eso en parte explica que nuestros trabajadores sean uno de los 10 menos productivos del mundo competitivo. En China, a solicitud del empresario, todo trabajador puede ser sustituido por el gobierno en el mismo día, sin causal ni indemnización. Y mientras nuestro salario mínimo asciende a 170 dólares, el de ellos es de 28 dólares. El régimen laboral chino tampoco permite sindicalización libre, sólo se puede pertenecer a la Federación Sindical Única (ACTFU). Y no hacerlo hace imposible volver a encontrar trabajo (caso Federación Autónoma de Trabajadores en 1989). Es evidente que esta situación es imposible de revertir ni aunque ideemos el sistema laboral más flexible y variable del mundo. De manera que nuestras autoridades deben tomar decisiones: o equiparamos nuestra legislación con la China (inviable), o vía sobretasas nos equiparamos social y económicamente. De no intervenir, ha llegado el momento y en aras de la subsistencia que los trabajadores junto a sus empleadores acuerden condiciones directas y más competitivas, las formalicen notarialmente y las apliquen cohesionadamente. Pues nuestras autoridades, seguramente andan ya preocupadas de la próxima elección y no de la coherencia laboral y económica e intereses superiores del país.

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