Disponed de mí y del mando.

11/05/2003
Sebastián Burr Cerda

Se percibe una fuerte motivación social por los signos de recuperación que presenta nuestra economía. Ojalá dicha tendencia ésta vez se reafirme, y el país emerja de sus cuatro años de letargo. Sin embargo, no hay que hacerse mayores expectativas respecto a la deteriorada distribución del ingreso, de la productividad laboral y el desempleo. Pues su sino estructural, tiene que ver más con las tres últimas y regresivas reformas laborales que con la coyuntura económica. Tampoco es de esperar que se resuelva la calidad de nuestra educación y salud. Los niveles de delincuencia y la probidad pública. Es más, la irrupción de la “judicialización de la política” amenaza ahora a la máxima autoridad ejecutiva del país, e incluso la paralización parcial de la administración estatal. Si a eso añadimos los desafíos internacionales, es el momento entonces, de actualizar de verdad el aparato público y las instituciones que conforman el orden político. Pues su actual diseño representativo, es decir simbólico y no protagónico de los ciudadanos, y al mismo tiempo antagónico por su génesis pre-muro de Berlín, impiden el desarrollo de las personas y limitan las posibilidades de coincidir políticamente. Y por lo tanto, que el país cuente con una base política sólida para ejercer un liderazgo gubernamental efectivo. Amen de dificultar la adaptación permanente y sistemática del funcionamiento del estado.
La misión de lo político, más allá de lo estatal, es moldear operativamente las instituciones apuntando al pro-greso moral y ético de las personas. En otras palabras, hacer de instituciones tales como trabajo, educación, justicia, gobierno etc., medios simultáneos de expansión humana y profesional. Apuntando al desarrollo de las facultades superiores (entendimiento e inteligencia funcional.) Y de paso, situar el proyecto político siempre en lo más alto.
¿ Y cómo se lleva eso adelante? Asumir que nuestro sistema político y sus instituciones son “suma cero”. Es decir, que todo lo que beneficia a un grupo, afecta política, económica y operativamente al otro y viceversa. Y dentro de ese antagónico esquema, es imposible levantar una síntesis de ideales sociales e individuales e insertarlos en marcos institucionales adecuados. No se puede seguir coexistiendo bajo un permanente forcejeo entre individualismo y socialismo, y encerrados además, en una visión desintegrada y parcial de la libertad. Menos cuando ya no se es políticamente autónomo desde una perspectiva global.
Debemos construir un proyecto “suma positiva” transversal. Con instituciones operando dentro de un ámbito so-lidario y a la vez de competencia. Fundado en necesidades humanas superiores y no en cosas meramente coyun-turales. Chile y su gente están primeros. Los sistemas, partidos e incluso la Constitución son un medio no un fin.
Dentro del actual esquema, más allá de sí la economía o la judicialización de la política se expanden o no, en lo sustancial poco y nada va a cambiar. La endémica maraña sistémico-política, sobrepasa por lejos al Presidente y va a impedir hacer un buen gobierno incluso al próximo jefe de Estado, cualesquiera éste sea. Y es por eso, que los próximos tres años no se pueden perder, pues cada anualidad de hoy equivale a tres o más años de hace una década o década y media atrás. Y si bien no es fácil resolver la gigantesca disparidad de intereses, contradicciones, etc., debemos esforzarnos en modificar las estructuras existentes, haciendo del actual entrampamiento una oportunidad, pues la política concentra una suerte de poder soberano y una gran capacidad para impulsar la voluntad social.
El Presidente debiera liderar una reforma constitucional en pos de modernizar y flexibilizar toda la institucionalidad; evaluar un mecanismo para acortar los mandatos presidenciales a cuatro o cinco años, toda vez que sea necesario, incluso el del actual período. Renovar electoral y masivamente los poderes públicos en una misma fecha. Llevar adelante una cruzada económica, privada y estatal, para financiar la desafectación laboral adelantada, de aquellos que después de cierta edad y por nuestras propias fallas institucionales, han estado impedidos de alcanzar un desarrollo mínimo para enfrentar la flexibilidad laboral y/o evaluación profesional.
Buscar formulas participativas y protagónica de los trabajadores en la empresa y de los profesores en la educa-ción. Evitar que los privados e incluso el Estado, sigan “deshaciéndose” de su personal vía “out sourcing”. Fomentar la protección laboral vía seguros de cesantía y planes de recapacitación con cotizaciones obligatorias, pero deposi-tadas fuera de las organizaciones. Está demás decir, que un “año sabático” indemnizatorio, más el 150% de recargo que la nueva ley laboral faculta aplicar, es depredatorio, grava fatalmente la contratación y niega el derecho básico de acceso a la justicia. Al menos a las Pymes, con una relación capital-trabajo muy desfavorable para ese tipo de iniciativas. Las empresas en la globalización son entes productivos y económicos y entonces ordenadoras de lo social. Hay que revisar además, las condiciones de intercambio comercial con países como China, que sumado a lo anterior, están destruyendo el entramado laboral Chileno. Congelar el salario mínimo, sobre evaluado en un 34%, hasta que desaparezca parte importante del 41% de cesantía juvenil. Estar sin trabajo es la muerte profesional, familiar y una hecatombe social. Decretar libertad de enseñanza. Financiar una readecuación pedagógica radical. Fomentar las prácticas estudiantiles en la empresa privada e instituciones de gobierno, y así ligar sociedad, educación y trabajo, de un modo teórico y práctico. Independizar económicamente al poder judicial y expandir sus atribuciones, pero fuera de la actual contingencia. Generar una estructura impositiva, proporcional e indirecta, que afecte o desafecte todos los alimentos y productos que hagan mal o bien a la salud. Así cada uno financiará y será responsable de su propia sanidad.
La ortodoxia socialista y neoliberal y su incesante pugna, nos impide avanzar. Debemos encontrar un proyecto político de oportunidades, un camino de mayor unidad y de esa manera enfrentar un mundo en cambio permanente.

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