La Depresión Sicológica Y Lo Político

Sebastián Burr Cerda

Que difíciles problemas le está tocando enfrentar al país, esto más allá de la crisis de la familia, de la precarización del empleo, de la delincuencia, de la drogadicción y de una gobernabilidad desordenada aunque cálida. Primero una profunda crisis educacional y ahora aparece la depresión que afecta a buena parte de la población y sobretodo a adolescentes. Pareciera que Chile está bajo una falla multisistémica referida a su integridad moral y de ética-social, entre las cuales también se cuenta a la clase política que aparece incapaz de superar la lógica del poder y a resolver integradamente las complejas dinámicas sociológicas.
Más allá de problemas endógenos, desequilibrios bioquímicos o traumatismos sicológicos en la vida de cada cual, la depresión responde a un colapso del sistema de vida. Comienza cuando la persona se desconecta moral y afectivamente de su entorno familiar, profesional y social. Tiende a eludir responsabilidades incluso de índole menor, se percibe incapaz de enfrentar su vida y a tomar decisiones. En medio de una gran desesperanza se auto infiere una fuerte descalificación del yo y una condena moral de sí mismo, desequilibrio emocional cuya vorágine puede conducir el suicidio. Para los adolescentes es un problema particularmente delicado, toda vez que en esa etapa se determinan los cambios hormonales y afectivos, se hacen presente los ideales y al mismo tiempo les toca encontrar su vocación profesional.
Las pocas voces que se escuchan responsabilizan al desarrollo, como si el progreso fuese un ente ajeno a las acciones humanas y a las instituciones políticas que las canalizan. El desarrollo es una resultante del desempeño aleatorio de los ciudadanos, está para facilitar la vida de la gente en convivencia social de manera que responsabilizarlo es un contrasentido.
La crisis sistémica también guarda relación con una construcción ideologizada de nuestras instituciones y que no están adaptadas a la ontología humana y a los principios lógicos de la realidad. Están valórica y operativamente mal diseñadas, algunas pecan de excesos como es el caso de la justicia en torno a la “seguridad publica” y otras ven la libertad y el protagonismo restringido a solo un puñado de privilegiados como es cuando se tiene educación de calidad y se ejerce el trabajo de un modo independiente y protagónico, es decir ambas instancias bajo la modalidad de desarrollo moral. Por ejemplo, una vida familiar de mala calidad asociado a un plan académico carente de sentido de vida y que no conecta emocionalmente a los alumnos con las diversas cosas que componen la realidad, la frustración y luego la depresión emergen tarde o temprano. Algo análogo ocurre dentro del contexto de sociedad salarial emocionalmente plana, la frustración desmoraliza a los padres y ese estado lo traspasan a sus hijos y familiares.
"Estamos peor que nunca de la cabeza..., el hombre y la mujer están agobiados por tremendas auto exigencias, por la imagen, el estatus y la seguridad futura. Todos andan en busca del equilibrio emocional perdido y darle significado y sentido trascendente a sus vidas", nos señalan connotados siquiatras nacionales.
Es imprescindible que el sistema político refuerce la familia por su aporte formativo, comunitario y afectivo. Rediseñe valórica y operativamente las dos instituciones trascendentales; educación y trabajo, de manera que se constituyan en un ámbito de desarrollo moral, profesional y económico y por lo tanto sean fuente de equilibrio psicológico para todos. Esas instituciones en tanto abiertas, son casi el único medio de expansión y fortaleza de las facultades superiores del hombre y de cuyo desarrollo depende la felicidad. El sistema político no debiera intentar eliminar la incertidumbre de la vida ciudadana sino contenerla, y facilitar la identificación y el dominio de los elementos que la conforman, hacer lo contrario es ir en contra la integridad ética de la persona.
Tanto como cada persona tiene la obligación de conocerse a sí mismo, limpiar y perdonar las distorsiones psíquicas heredadas y dominar las desfiguraciones de nuestra cultura, tiene el deber de exigir al sistema político que cumpla con su rol ético y subsidiario. Haciéndole ver que no puede pretender una salud mental sin generar los mecanismos de perfeccionamiento y de equilibrio social, haciendo de la educación y del trabajo entidades análogas a la naturaleza moral y síquica del hombre. La psiquiatría moderna así lo ha comprendido, está intentando resolver la patología de la depresión con un enfoque "biópsico-social". Pues entiende que los factores bioquímicos, síquicos, sociopolíticos y culturales inciden simultáneamente todos en ella.

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