El Islamismo-Arabe vrs Occidente

Sebastián Burr Cerda

Nada justifica el terrorismo y nadie debe ampararlo. En esto no puede haber doble standard ni equívocos como se ha visto en estos días en el caso Apablaza. Por lo mismo, Occidente se equivoca cuando asume la posición de “guerra contra el terrorismo”, como si fuesen dos posiciones éticas comparables. Así y todo, Occidente debe hacer una “introspección cultural” y tomar conciencia respecto el rechazo que despierta en el mundo árabe, y las consecuencias de su arrogancia. No olvidemos que somos padres del nazismo, del comunismo, de los bombazos atómicos sobre Japón y de feroces matanzas de indígenas en América.
A su vez, el islamismo árabe debe comprender que el proceso de globalización cultural no tiene retorno, y lo mejor es dialogar, haciendo valer sus valores culturales y religiosos, pero a su vez respetando el Judaísmo y el Cristianismo dentro de sus propias fronteras, como lo hace Occidente. Esto requiere asumir que el Islamismo es una religión, no una ideología. Que los puentes de unión pasan por una raíz monoteísta común. Por cierto acervo filosófico común cuya raíz es Grecia. Y si todo eso fuera insuficiente, incorporar elementos de unidad, tales como la naturaleza moral del ser humano y universal a toda la especia. Esto porque todos los hombres en convivencia social buscamos la verdad, el bien y la felicidad, todo ello como necesidad moral común.
Más allá de la variable Palestina - Judía, y el apoyo moral y político que Occidente presta a ese país, lo que ya acarrea una severa descalificación del mundo árabe, los problemas actuales entre Occidente y el Islamismo árabe son muchos más profundos y serios de lo que nosotros suponemos. Y esa radicalización de posturas, se debe más a los cambios acaecidos en Occidente en el siglo XX que en el Islamismo-árabe.
Es complicado para un occidental analizar una cultura en la cual las fronteras de la religión y del estado no están definidas. El Islam es din, wadunya, wa-dawla: religión, sociedad y política. Las leyes devienen del Corán y penetra en los más mínimos detalles. Una cultura que posee una concepción de libertad humana, teológica y no liberal, o que es más contemplativa que exitista o economicista. En que la institución democracia casi no existe, mientras nosotros nos ufanamos de ella como si fuese símbolo de perfección humana y social, cuando está lejos de serlo. Es dificil que los occidentales comprendamos una cultura cuyos gobiernos determinan que películas se ven, como se debe mirar a una mujer, como éstas deben vestirse, como comportarse dentro y fuera de sus domicilios, o como, cuando y que se debe orar. Pero todas esas cosas aparecen como detalles si una cultura es capaz de mantenerse en el tiempo, y logra que sus ciudadanos manejen bien la realidad, encuentren la paz interior, preserven los valores de la familia y el desarrollo de sus hijos se haga posible.
¿Pero estamos los occidentales en supremacía moral como para arrogarnos el liderazgo cultural de buena parte del planeta? Pareciera que no, pues más allá de nuestra apabullante tecnología ni siquiera nosotros hemos sabido resolver nuestros propios problemas humanos, mucho más cruciales que el desarrollo tecnológico en sí mismo. Pues hasta lo que yo entiendo, el desarrollo humano superior y el buen convivir en sociedad es el verdadero sujeto y objeto de los avances de la humanidad. Y ni siquiera nuestras instituciones sociopolíticas están adaptadas para lograr ese desarrollo.
Ahí está la pobreza intelectiva y volitiva de buena parte de la población occidental. La riqueza concentrada en manos de pocos y la pobreza dispersa en muchos. Una democracia representativa que no logra resolver los problemas humanos y sociales; la institución familia clásica y matrimonio en vías de extinción, la violencia intra familiar, la pornografía entre adultos con niños y también con animales. El embarazo adolescente, el alcoholismo y la drogadicción de jóvenes y niñas que se inician a los 12 años. La pedofilia, la prostitución y el Sida. El matrimonio entre homosexuales con adopción de hijos, el divorcio, la eutanasia y el aborto institucionalizados. Patologías mentales crecientes y en que el suicidio de adolescentes es su primera causa de muerte.
Ese “legado cultural” de occidente, su paulatino alejamiento de Dios, y ahora último, el desconocimiento ex profeso de sus propias raíces cristianas, el Islamismo árabe, análogamente, no lo quiere para sí por ningún motivo. Y como la mayoría de los elementos que conforman nuestra cultura, están penetrando su territorio a través de la tecnología satelital, internet, libre comercio y conductas occidentales provocadoras a través del turismo, los más ortodoxos quieren evitar su pulverización cultural. No pareciera ser una preocupación menor y carente de fundamentos. Pero ciertamente, terrorismo contra inocentes no.


 

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