Alza del Iva, medida regresiva y no muy original.

Diario El Mercurio, Dom. 8/06/2003
Sebastián Burr Cerda

Los tres gobiernos de la Concertación han perseverado en el incremento del gasto público y de la carga tributaria. En 1990, la carga tributaria del gobierno general, alcanzaba al equivalente del 15,7% del PIB. Y el superávit de entonces, permitía hacer frente a la deuda pública por varios quinquenios hacia adelante. Para el 2003, la carga equivalente se estima alcanzará a cerca del 19% del PIB y se anticipa un nuevo año con déficit fiscal. Los 3,3 puntos de diferencia equivalen en el PIB actual, a una recaudación mayor de US$ 2.250 millones. Sin embargo en la última década, nuestra competitividad país, internacionalmente hablando, cayó del lugar 13 al 27.
A esa mayor presión tributaria, se le han sumado los impuestos adicionales a las empresas. A principios de los 90, dichos tributos alcanzaban al 10% y se aplicaban sólo sobre la parte de utilidades retiradas por los propietarios. Hoy dicha tasa ha sido elevada a un 17%, y no distingue entre retiros y utilidades reinvertidas. Además, no obstante que la menor inversión y el bajo crecimiento interno, generaron en la operación renta 2003 una recaudación menor en cerca de US$ 300 millones, algunos parlamentarios concertacionistas, están proponiendo nuevos impuestos a las empresas. Sin duda hay un serio desconocimiento del principio causa efecto.
Más allá de la corrupción, otro de nuestros dramas, es el mal uso que hacemos de los tributos. En salud por ejemplo; en el mismo período elevamos el gasto tres veces y las prestaciones sanitarias cayeron a la mitad. En educación, con una inversión de US$ 15 mil millones cada cinco años, sus resultados año tras año empeoran. De manera que si se pondera la cantidad de impuestos que pagamos los chilenos, y la calidad de servicios que nos provee el Estado, el nivel de impuestos resulta ser uno de los más altos del mundo.
Si bien los tributos a las personas han visto reducida la tasa máxima de un 50% a un 43%, además de sus tramos intermedios, en ese segmento, aún pertenecemos al grupo de países con más altas tasas marginales de impuestos. Y aún distantes de la media internacional del 37%.
Los impuestos a los combustibles, en particular los de las gasolinas, se ha multiplicado por tres, y hoy se insiste en incrementarlos. Y esto, sin considerar el alza proporcional de incremento tributario, obtenido producto de las extremas y recientes alzas del petróleo en los mercados internacionales. De esta manera, las rebajas logradas en materia de aranceles se han visto bastante reducidas.
Ahora, nos anuncian otra alza del IVA en un 1%. Diciéndonos lo mismo que la vez anterior, "el alza será sólo temporal". Así lo hicieron diez años atrás cuando lo subieron del 16% al 18% "por solo cuatro años" y a la fecha sigue inamovible. Pero ésta vez, la credibilidad gubernamental se ve doblemente afectada. Pues todo esto ocurre en un escenario en que prácticamente toda la alta dirigencia de la Concertación, ha estado eludiendo el pago de impuestos vía sobresueldos durante similar período.
Debemos ser más creativos. Apuntar a estructuras tributarias coherentes, incentivadoras y de crecimiento. En que todo impuesto provenga de lo pernicioso y no de lo bueno y necesario. Ojalá retrotrayendo el IVA al 16% comprometido y disminuir así la carga tributaria en los más pobres. Toda vez que ese segmento no se verá beneficiado por la rebaja arancelaria de los TLC, pues su economía es de subsistencia y casi no consumen productos importados. Esa rebaja serviría además, para nivelarnos en competitividad con países como EE.UU., cuya tasa análoga promedio es del 8%.
Cualquier déficit fiscal hay que compensarlo por la vía de reducir el gasto gubernamental y aumentar la productividad pública y también privada, que son una de las 10 peores del mundo competitivo. Y para financiar los programas de salud, aplicar impuestos indirectos y proporcionales a todos aquellos artículos o alimentos que causan daños evidentes a la salud de la población (colesteroles, azucares, ácidos etc). Y se rebajen o anulen a su vez, los impuestos de aquellos productos que provocan de verdad el efecto contrario. Con ese mecanismo, se reducirá drásticamente la demanda por servicios sanitarios y a su vez se obtendrá una mucha mayor recaudación.

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